Había
pasado bastante de la última visita, pero aun así, Morrigan estaba más centrada
que nunca en sus estudios. Mientras seguía intentando memorizar ciertos
conjuros de la escuela elemental de fuego, Curruño, su gato, jugueteaba con un
vermis de maná. Estaba poniendo patas arriba la cama, pero Morrigan ni se inmutó,
hasta que se encendió el collar.
-¡Curruño!
¡Quieto! –Exclamó Morrigan mientras se cambiaba corriendo. Solía llevar la
túnica morada y el tabardo del Kirin Tor, pero cuando iba a recibir a Baldur, o
a otra visita solía ponerse algo menos llamativo. Una vez se puso una toga al
azar, marchó corriendo a buscarle.
Baldur
apareció por el otro lado del portal, y para sorpresa de Morrigan, ni bostezó
ni nada, cosa poco rara en él. Le indicó a la chica de ir al sitio en el que
estuvieron la última vez. De nuevo no hizo ni un ademán de bostezar o de
cansancio. En su lugar, miró fijamente a Morrigan, buscando respuestas.
-Se
ha ido, Morri…-Dijo Baldur con pesadez.- Thary se ha ido. O mejor dicho. Se ha
quedado.
-Lo
se-Dijo Morrigan, suspirando.- De hecho, habló con Melian de ello antes. Por lo
visto quiere ayudar en la Cruzada a organizar el Torneo, y así de paso terminar
su formación.
-Debí
suponerlo.-Respondió Baldur.- Sabiendo que mi Madre y su… mi Tía fueron
Cruzadas, querría haber seguido sus pasos. Pero… Tu, Thary… Zaira y Rach
seguramente se irán de viaje una vez se casen… Solo faltaría que Kathe se fuese
ya… ¿Qué tengo que hago que huyaís de mi?
Morrigan
se mordió el labio. Era una pregunta que no quería responder, pero debería
responderla.
-Baldur…
Yo me fui para dejarte tomar una decisión tranquilo, y además, poder aprender
magia. Thary quiere seguir los pasos de su Madre, y los de su Primo. Y Zaira y
Rach… bueno, es su viaje de novias, es algo común. Kathe no te abandonará,
puedes estar tranquilo.
Hizo
una pausa breve, mirando al cielo estrellado. Se podía ver alguna que otra
estrella fugaz, o un cometa o algo. Quien sabe que habría allí fuera.
-Además,
no huimos de ti. Al menos yo no. De hecho…
-Morri-Interrumpió
Baldur, mirando hacia otro lado- Entiendo lo que quieres decirme, pero sabes
que no soy del todo capaz. No sé. Se que eres especial para mi, de eso estoy
seguro. Pero no se si puedo dar ese paso, aún lo tengo todo muy reciente, y
además… soy semi Quel’dorei. Te sobreviviría. ¿Crees que podría soportar eso?
-¿Crees
que me importa algo? – Dijo Morrigan, bastante sonrojada y agitada.- No me
importa. Estar contigo lo es todo para mi. Una vida contigo no se podría
comparar a miles sin ti.
Baldur
miró hacia una de las ventanas, en la que habría estado tiempo atrás su casa.
Ahora se erigía allí la posada que en
otro tiempo fue del territorio de los Atracasol.
-Lo
siento…-Morrigan se empinó y le besó en los labios. Baldur se vió sorprendido,
y no pudo hacer más que acariciar una mejilla de la joven maga, que estaba
llorando, ya que en su interior pensaba que quizás debería haber dejado, como
solía decir su amiga Eilistrey, “que las aguas vuelvan a su cauce”, pero
necesitaba provocar una reacción en el mestizo.
Al
rato de separarse, se miraron unos segundos, y Baldur abrió la boca para
hablar, pero Morrigan se adelantó:
-Lo
siento…-Morrigan rompió a llorar y corrió hacia su habitación, dejando a Baldur
en aquel mirador, mirando las estrellas levemente antes de retomar el camino
hacia el recinto de la Archimaga Celindra, para volver a donde estaban los
demás, posiblemente hecho un lío mayor sobre que hacer.
Morrigan
se quitó el collar y lo dejó sobre la mesa, mientras se tiraba sobre la cama
pensando que quizás, solo quizás, debería haberle hecho caso a su cabeza, pero
lo hecho, hecho está. Cogió de nuevo el libro, se puso sus gafas y se intentó
concentrar en sus estudios, pero sabía que le costaría, durante algún tiempo.
